
La televisión norteamericana marcó ayer (viernes 12 de junio de 2009) el fin de una era que comenzó en 1928, cuando Charles Jenkins, un inventor de Dayton, Ohio, obtuvo la primera licencia para operar un canal de televisión, el W3XK, en Wheaton, Maryland.
Desde aquellas primeras imágenes que debían perseguirse como escurridizos fantasmas con una antena rudimentaria, hasta los extravagantes artificios visuales de los Juegos Olímpicos de Pekín, la televisión operó con una constante: la emisión análoga, en la que imagen y sonido son codificados y transmitidos en una señal curvácea que registra las variaciones en la amplitud y la frecuencia.
Todo eso terminó en el primer minuto del día de hoy, 13 de junio, cuando todas las estaciones de televisión de los Estados Unidos apagaron sus transmisores análogos y encendieron los digitales, en los que la señal es codificada en infinitas variaciones de ceros y unos.
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